( 𝐂𝐔𝐄𝐍𝐓𝐎) 𝐄𝐋 𝐇𝐈𝐉𝐎 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐂𝐀𝐁𝐑𝐀 - 𝐀𝐥𝐞𝐱𝐚𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐏è𝐫𝐳. 𝐕 🐐👹

 


EL HIJO DE LA CABRA ROJA

Alexander Pèrz. V

 

¡!Por su olor los conoceréis!!

 

 

 La tarde ya casi noche, aterrizaba sin vuelo, y entre lúgubres aves de canto, el viento soplaba a la cara de un hombre muerto. caminos de polvo recónditos se hallaban en el viaje, y aquel hombre pálido de ávidos reflejos, descendió del carromato  con tal delicadeza que haría llorar al mismísimo Verrocchio.

Aquel invitado en cuestión nunca había pisado suelo español…había sido un largo tramo desde Grasse, pasando por Sevilla también, pero aquel misterioso hombre encapuchado estaba decidido a caminar si era necesario, hasta lo que se conocía por aquel entonces como la casa de roca de las meigas de Darth.

Hombre o bestia de cara blanca como mármol azulado y peinado escaso, ojos amarillos lechosos y labios prominentes, frente ancha y mirada oscura pero aristocrática…esta era la primera impresión que dejaba aquel ente o ser.

Estas eran características quizás no muy extrañas, para alguien su posición y complexión…. Aunque algo si era peculiar y extraño, era aquel desagradable y vomitivo hedor, una suerte de almizcle pútrido añejado en lo mas profundo de un pozo sin fondo, posiblemente no se diera cuenta de su propia marca de olor, pero lo que si era cierto es que trataba  de  disimularlo, de ocultarlo, de mimetizarlo con su inequívoca e inconfundible fragancia francesa… un perfume tan exquisito  y conocido que debemos sino es  suponer que se rociaba casi por completo con aquel, parfum  Cossete de Guerlain,

Aquel horrido esperpento no tardo poso allí entre la niebla, inmóvil inerte, como asechando entre las sombras y la penumbra, y pasado un tiempo se acerco un viejo carromato a su ubicación.

El viejo conductor de dicho carro no solía interferir con los asuntos de sus clientes, ni siquiera observar directo a la cara a su transportados, pero por este  cliente  debía hacerlo, sentía  que  moriría  sino lo observaba.
El enigma era tan grande, que se acrecentaba con aquella  desagradable y vomitiva fetides…pero el carrocero  tenía su propio código, unas reglas tan estrictas que incluso para una persona de su calañas era difícil cumplirlo. Era lo que él llamaba el código de Orses, asentir o negar, no mirar ni hablar, tomar el dinero y marchar.

Aquel código era parte vital de la vida de ese carrocero, el cual llevaba a menudo una vida solitaria y sin muchas sorpresas, se podría decir que lo mundano era parte de su vida, pero aquel día había presentido que una desgracia, que un nefasto acontecimiento lo apresaría. El hombre pálido bajó del carro y camino hacia su lado estirando una mano blanca, larga, huesuda y afilada, con uñas tan largas como garras negras, mostrando así tres piezas de oro.

El carrocero no había visto tanto dinero, pero sus expresiones eran estoicas, que el hombre pálido solo miro el cielo nocturno extasiado… mirando la luna que bajaba a sus aposentos terrenales y en un movimiento muy rápido alzó la mano izquierda, y pose altiva diciendo así con voz  oscura, resonante entre temblorosos sollozos.

-"Amicum, haec  noctis rex est red, ¡ quantus tremor est  futurus cum resurget creatura!"

"Amigo, esta noche el rey ha regresado, ¡cuánto temblor habrá cuando la criatura resucite!”. - Dijo aquel ser con una sonrisa esmaltada.

 

 Aquel hombre atónito no entendía nada de lo que el misterioso hombre le decía pero una fuerza  extraña lo hacía hablar lo obligaba regurgitar algunas palabras en  respuesta, todo como si fuese un acto de magia, un hechizo, una brujería, y en eso  el carrocero respondió.- In saecula saeculorum.

 

Añadió aquel hombre  encapuchado- ¡tengo una cita hoy, tengo una cita con la muerte y con la vida! vivi mortuis, sus servicios  han sido de gran ayuda, ha servido bien tome esto por las molestias.

 

A aquel carrocero jamás vio al misterioso hombre a la cara, solo asintió y tomo las piezas de oro, como hubiese hecho cualquiera con miedo, y con el fuete en su mano derecha, hecho a andar el carromato. Ya alejado un poco aquel hombre  que parecía de mediana edad y que, además poseía un fétido olor, le pareció ver algo extraño en el ,al carrocero, la intriga, lo atormentaba, lo revolvía por dentro, trataba de no darle importancia  a cosa tan superflua, pero cuando  recordó que aquel hombre había sido recogido en Sevilla fue allí cuanto absorto de todo aquello a su alrededor que se obligó a observar hacia atrás, estaba atónito ante lo que veían sus ojos, había visto una sombras  que se esparcía entre la empinada cresta de la colina hacia Darth y Pereira, aquella sombra se desvanecía entre el camino como si una humareda de cenizas negras se disolviese en el aire, la capa del hombre pálido se desvaneció entre el silencio de la noche y el reflejo de la luna humeante de frio.

  El hombre pálido no tardó mucho en llegar a las piedras de Darth en aquella colina de Pereira donde se alzaban grandes dólmenes y castros, donde alguna vez vivieran los Gigantes  y los Mouros, y las bruxas y meigas hacían bailes paganos, misas negras y pactos sangrientos con algunas entidades desconocidas para la mayoría, y donde el señor amo y consorte de las mismas era el gran carnero negro.

 

 

Se habían escuchado historias de las bruxas y meigas antes en toda Cantabria  y Galicia, y en su mayoría todas eran falsas e incluso  algunas no se acercaban a la  verdad perenne, la realidad era que estos ritos, estos aquelarres eran mucho más sangriento y terroríficos de lo que un pueblerino común  creería, la mayoría de estos rituales estaba destinados  a una entidad desconocida para la mayoría de ellos, destinado a un ente maligno e incomprensible, su entendimiento y poder estaba más allá de todo raciocinio  humano, y el hombre pálido era uno de su muchos vástagos y sirvientes, uno de sus retoños oscuros, la gran cabra negra de los bosques como se le conoce actualmente, era y es un ser tan poderoso que traspasaba las barreras de las realidades conocidas siendo así  una criatura  más antigua que mundo propio, y esta había sido invocada.

Ahí entre la humareda de la leña se hallaban las bruxas bailando y cantando canciones horribles y de indecibles palabras para un cristiano, las rizas  que allí residían penetraban la paredes de roca del sitio en cuestión, la noche era joven  y Esmardes  estaba lista para traer al mundo a un nuevo y mejor hijo.

 

Callad, las hermanas saben que hoy recibiremos al emisario de nuestra diosa y con el viene un nuevo cambio para nuestra corte, la corte que se alzara para destruir la opresión de los malvados que retrasan nuestro ingreso a la sociedad, nuestra sociedad, mañana será un nuevo dia, un dia protegido  por la madre, gracias al hijo del aquelarre.

Las risa sollozaban entre el silencio, las cenizas eran levantadas y los canticos sonaban de nuevo, sangre y bilis  se bebía allí, y a la orden de una polilla  Esmardes cayó al suelo, con ojos  y boca blanca de placer.

 

Sostenedla, dijo una

Hay que  reposarla sobre la gran piedra, para que la madre baje, ya el viajero no tarda en llegar- grito la otra hermana.

 Los canticos eran más álgidos, más potentes, y mientras  las bruxas danzantes  reian y cantaban, Esmardes grito con gran alebosia y vigor, aquel grito de Esmardes se escuchó en toda Orense, Pereira y Galicia provocando un repelús tal que  los lugareños ya durmientes en sus casa sintieron una brisas espectral que parecía haber provenido del mismísimo noveno circulo, el aquelarre estaba listo.

 

Mientras, en la niebla, una figura  humanoide y negruzca aparecía entre las rocas de Darth  el ritual estaba casi completo, solo faltaba una cosa,  la muerte de la pureza encarnada, un acto tan atroz que simbolizaba la devoción asía la madre, asía la cabra negra, asia Magna Mater, el sacrificio de un niño varón, pues por el contrario de las niñas, estos  ante la madre eran vistos como errores carnales de la tierra y solo debían existir para servir a ella. Saltando de alegría  natia  la  hermana de la corte mas joven  llevaba en brazos a aquel niño que ignoraba su destino.

La bruxa mayor hizo eco de su voz.- hermana  natia , la recompeza del dolor esta contigo?

Si hermana-

Las leyes de limpieza y de pureza han sido aplicadas a esta criatura?

Si hermana-

El  niño bastardo, cumple con el ciclo de tiempo en la tierra?-

Si hermana, tres meses-

Entonces que la madre acoja a su esclavo y sirviente en el gran vacío eterno de saklas, que así sea y será.

Que asi sea y será,

 

Natia con gran  emoción cargaba al niño balaceando como si fuera de ella, poniéndolo finalmente con Esmardes en la gran piedra, en realidad estaba muy emocionada.

 

Todo esto sucedia a la par que aquel hombre palido, rasgaba la muñeca de cada una de las hermanas presentes recolectando su sangre en un cráneo de carnero, este cráneo contenia  la sangre de todas las bruxas y con pasos firmes y gigantes el misterioso hombres coloco en cráneo  funto a Esmardes y al niño, el último paso lo haría él.  Aquel hombre  mordió su muñeca con su pútridos y afilados dientes  vertiendo asi las ultimas gotas de sangre, mientras al unisono resitaba malévolas palabras.

 

(Conjuro de Ashaá)

é-wim et venhus Shub-Niggurath

thet ó-thots bhemuar algus thet ib vimos

sabaoth permitarum et  inius deth gebhin it geb it keb

hamdan choronzhon rikiuz amorthis, vemnus, ashaá,

 Shub-Niggurath ashaá

 

 

 

Aquella imagen de las bruxas mientras  repetía la última parte del rito

¡ashaá, Shub-Niggurath ashaa! era impactante, el hombre pálido sonrió  destapándose su rostro, descubriendo así un grotesco personaje, pálido como muerto de ojos ensangrentados y filosos dientes, mientras en el interior de Darth se alzaba la madre Shub-Niggurath del  pequeño cuerpo funcionado del niño y el cráneo sangriento, aquella figura que se formaba se retorcía entre pus, bilis, sangre y viseras enfrente de lo que parecía ser una puerta de luz intensa, haciendo que un terrible ser de creciente e inmenso tamaño  gimiera y gruñera allí de alegría, esta entidad maligna se presentaba  en una forma  mórbida como un monstruo de dos metros y medio con grandes fauces iguales a las de un lobo y con los rasgos de cabra humanoide, senos prominentes y genitales andróginos, tanto masculinos como femeninos, sobresalían de ella algunos tentáculos   lánguidos también, tan largos que acariciaban  a la bruxas que allí entre las piedras se arrodillaban ante fea y desagradable criatura, dos patas de cabras y cuatros brazos alargados la acompañaban y de entre una protuberancia con algunas bifurcaciones venosas se desgarraba lo que parecía ser  una membrana  placentaria la cual en su interior ocultaba varios huevos  verdosos  translucido de gran tamaño y ahí en su interior viscoso, el rosto de un niño que era contemplado por aquellas bruxas que con mucho cuidado y respeto extraían aquel  huevo de la madre, un niño nacido de la gran madre, el hijo de la gran cabra negra de los diez mil retoños.

  

 

FIN

 









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